16 h 20m/-40º

Thomas Ruff, 1992.

C- print sobre diasec, ed. 2, 260 x 188 cm.


Las constelaciones (1989- 1992, Sterne) de Thomas Ruff responden fielmente a la voluntad del artista de evitar la ordenación, clasificación o jerarquización del paisaje.

Para este trabajo en concreto, Ruff adquiere una serie completa de 1212 negativos encontrados en un observatorio de estrellas que corresponden a imágenes tomadas del cielo del hemisferio sur. Selecciona determinados fragmentos de estos paisajes estelares y los amplía a imágenes de gran formato, construyendo así versiones verosímiles de la realidad, pero fácilmente transformables en abstracción.

Ante ellas el espectador se sumerge de lleno en el espacio, viéndolo como algo eterno y más allá de la voluntad del artista: el diseño del firmamento, con sus puntos luminosos que se difuminan y sus estrellas lejanas que en sus cuadros se nos presentan tan cercanas.

Thomas Ruff:

Thomas Ruff llegó a Dusseldorf para estudiar fotografía en 1977. No era experto en arte contemporáneo ni tenía pretensiones de convertirse en un gran artista pero, la formación adquirida en la Academia de Arte de Düsseldorf bajo la dirección de Bernd Becher, le hizo interesarse por la fotografía artística, llegando a formar parte de la generación de nuevos fotógrafos alemanes que marcarían, en la década de los 80, el regreso a una nueva objetividad acorde con los tiempos. Durante esa época Ruff será, junto con Höfer, el único alumno de Bernd Becher que empleará color en sus fotografías.

En su trabajo insiste en la serie y la repetición como método de aproximación a su

entorno, repitiendo, de manera casi obsesiva, elementos de la realidad (edificios, personas, galaxias..) que a veces retoca o manipula, consciente de que la fotografía sólo puede alcanzar la superficie de las cosas. Esto se enmarca en esa nueva tendencia que crea, conocida como postproducción. Siempre interesado por las innovaciones tecnológicas y científicas de su época, al igual que por los asuntos políticos y sociales, crea obras en las que la búsqueda de la claridad y el carácter casi científico serán el centro de todas sus composiciones.

Su trayectoria comienza con una aproximación al género del retrato (1981, Porträts), que, a partir de 1986, comienza a producir en gran formato, una de las características que diferenciará su trabajo y se convertirá en una “marca de fábrica” de la nueva fotografía alemana. Presenta rostros sobrios, sin sonrisas ni expresión; personas cotidianas con posturas cotidianas y estáticas; todo sobre un fondo neutro, con una buena iluminación y casi siempre de manera frontal. Se trata de retratos de personas normales alejados de la artificialidad de esas “personas felices”de la publicidad. Nada se simula, todo es visible.

Con esta serie alcanza el reconocimiento del mundo artístico. Este estilo adquirido, documental y frío, lo mantiene en sus siguientes trabajos pero abordando nuevas temáticas como los edificios de carácter funcionalista cercanos a su taller (1987, Hauser) o las de las constelaciones (1992, Sterne).

Sus últimos trabajos se decantan por una doble temática. Por una parte obras de fuerte carga social o de denuncia, y por otra una revisión del concepto de “imagen pornográfica” dentro del mundo de las nuevas tecnologías.

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