Se alquilan, se venden, países, regiones, carreteras….

Gonzalo Puch, 1950

Impresión digital a color sobre Diasec. Edición 2/5. 180 x 266 cm.

Es una obra fotográfica que representa una de las instalaciones del artista. En ella, lo que parece ser el salón de una casa, se ha convertido en un micro paisaje, caótico, en el que todo puede comprarse, venderse o alquilarse. Una especie de circuito con rampas blancas recorre toda la instalación en la que encontramos macetas, plantas, tierra por el suelo, naranjas… y carteles que enuncian esas ofertas de venta, compra o alquiler.En el lateral izquierdo, una estantería con libros nos indica que nos encontramos en el interior de un ambiente doméstico.

En una imagen de gran formato y con un sentido puramente escultórico, recrea un mundo de situaciones inusitadas e irreales, repletas de plantas, recipientes, mapas o fórmulas matemáticas donde el artista reflexiona sobre el arte, la naturaleza y la tecnología.

En este obra Puch lleva al espectador a la invención de una naturaleza, a la vez que hace una crítica acerca de los usos incorrectos de nuestro entorno y del impacto que supone la especulación en el medio ambiente. Descubre que la fotografía le permite crear una escenografía propia, un laboratorio de imágenes ficticias donde contrapone realidad y ficción, y le abre la posibilidad de reunir en un mismo documento todas las cosas que le interesan (arquitectura, teatro, pintura…).

Reseña del autor

Con su obra, Gonzalo Puch hace una crítica acerca de los usos incorrectos de nuestro entorno y del impacto que supone la especulación en el medio ambiente. Descubre que la fotografía le permite crear una escenografía propia, un laboratorio de imágenes ficticias donde contrapone realidad y ficción, y le abre la posibilidad de reunir en un mismo documento todas las cosas que le interesan.

Procedente del mundo de la pintura abstracta, y tras haber practicado durante los primeros noventa una escultura de connotaciones arquitectónicas, sus esfuerzos se orientan finalmente hacia el terreno de la fotografía, donde se adscribe a una corriente denominada documentalismo-ficción, cuyos seguidores toman como referencia el cine, la pintura de historia o el fotoperiodismo, con el objetivo de otorgar una apariencia real a narraciones ficticias. Mediante la fotografía Puch ve la posibilidad de reunir cosas que le atraen, como la arquitectura, el teatro, la pintura, la escultura y otras manifestaciones que, de haberlas practicado individualmente, “habría supuesto un caos para mí”. La fotografía es el documento donde se pueden reunir.

Su producción se caracteriza por las llamadas “fotoesculturas”, fotografías de instalaciones que construye en un sentido puramente escultórico, y que sólo existen como fotografías.

El artista construye una concepción del mundo muy personal, a través de escenas en las que el uso de plantas, recipientes, cuadros o fórmulas matemáticas, parecen seguir una línea estética que se podría calificar como “de experimento”. Un laboratorio de imágenes recreadas que van más allá de lo que tenemos delante de nuestros ojos.

El artista sevillano persiste en su tarea de congelar la fría ironía que “paraliza” su obra, esos micro-acontecimientos –como él los llama- que remiten al principio de experiencia. Particular obsesión de Gonzalo Puch por el tiempo. Del tiempo como devenir de la memoria y experiencia acumuladas.

Otro vector siempre presente en su universo plástico es la naturaleza, casi siempre mediante la figura de las plantas, elemento que llama la atención sobre el necesario equilibrio entre la teoría y la práctica, entre las fórmulas matemáticas y físicas y el incontrolable crecimiento y desarrollo de la vegetación.

En sus fotografías aparecen lugares saturados de mapas, imágenes, fórmulas, dibujos, esquema, libros, máquinas, personajes. Son espacios repletos de información, de repeticiones, o podría llamarse simplemente: acumulaciones. Tiene que ver con alguna fórmula de estudio, el aprendizaje, el conocimiento, corren paralelos al mundo de la ciencia y la investigación, pero al mismo tiempo se convierten en contenedores de algo más sencillo: la captación y constatación del tiempo que pasa…, lugares de la experiencia y la memoria personal convertidos en la miniatura del jardín-biblioteca, el museo-invernadero, el taller-teatro, etc. por eso los llama “microacontecimientos”, fracciones de segundo de una pequeña historia.

Algunas de sus últimas propuestas fotográficas incluyen objetos (libros, pizarras, maquetas, mapas y hasta sus propios alumnos) que remiten a la actividad docente que comparte con su producción plástica.

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